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07-Jul-2017 02:35

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Aunque vaya usted solo, todo el mundo tiene que esperar. Cuando llegué aquí, me entretenía observando a mi alrededor, y mientras, otros aprovechaban para quitarme el sitio. Cuando me veo en medio de una sinfonía de cláxones, en la que todo el mundo pita a todo el mundo, pienso: “Será que en la India nos comunicamos así”. Eso es lo que nos decimos: “Tengo coche y te voy a decir lo que pienso de ti: En la India nada te garantiza, que si esperas tu turno vas a conseguir subir al tren en la próxima media hora, así que si tengo que meter el codo, porque tengo prisa, no me corto. No nos merecíamos subir, no nos hemos esforzado lo suficiente. Las primeras dos o tres veces es desesperante: miles de personas quieren bajar, miles de personas quieren subir. En el tren de las mujeres se vive una lucha sin cuartel. Aquí todos somos víctimas con estrés postraumático y no lo sabemos. Esto es lo que hago cuando necesito colarme: busco a la persona a cargo de la cola y asiento ligeramente. Pero a veces tienes que hacer lo que tienes que hacer. Creen que Dios les bendecirá más a ellos, que a quien no haya permanecido tanto en una cola. ¿Qué le hace tan especial con respecto a los demás, que guardamos cola? Se creyó que el Capitalismo había derrotado por fin al Comunismo, cuando la cola del Mc Donald’s superó a la de la tumba de Lenin. En Bombay, las colas para coger el autobús o un triciclo motorizado llegan a las 100 personas, y el consejo es que vigiles tu sitio. No tienes otra alternativa, si quieres tener agua potable. El claxon es una herramienta y con ella lo celebramos todo. En los andenes de clase turista no hay colas; son andenes que tienen vida propia. No soy de Bombay, así que me sentí rara empujando en el tren. Si sobrevives a esto no habrá nada que se te resista. Como si me estuviera fallando a mí mismo y a la sociedad. Que reine la paz y que no muera nadie más en atentados. Que gane la India, ¡ay, sí, que gane su partido hoy! Creen que cuanto más se sacrifiquen, más probable es que escuchen sus plegarias y que sus deseos se hagan realidad. Yo estaba la número 21 y entonces se colaron dos personas, así que ya estoy de 23. Tú no eras más importante que la persona que estaba delante a ti. Yo he sido testigo de cómo la gente llegaba a las manos, pero son peleas cortas, porque solemos interceder. De vez en cuando vienen a Montreal turistas que no están acostumbrados a hacer cola y no lo entienden. Tengo dinero”, y le dices: “Lo siento, tiene que hacer cola”. Somos una nación de gente muy reservada, y cuando estás en fila tienes la oportunidad de hablar con un completo desconocido. Creo que la gente se lo tomaría muy mal si elimináramos la cola. Ayer hizo cola aquí, durante hora y media y cuando solo quedaban 5 personas delante dijeron que no había más cronuts. El lema de la Revolución Francesa fue: “Libertad, igualdad, fraternidad”, y esperar tu turno encajaba en ese lema. Era motivo de vergüenza nacional que los británicos fueran incapaces de guardar cola. Si tienen 3 artículos y el de delante 13, les parece una injusticia. Estuvimos haciendo cola juntos ocho horas, y en esas horas nos dio mucho tiempo para hablar, desde luego. Aunque al final no consigamos entradas, estar en la fila vale la pena, porque es muy agradable estar juntos de nuevo aquí. Creo que es la cola más famosa en Gran Bretaña y quizá en todo el mundo. Esta sería la distancia aceptable entre dos personas en una cola en Inglaterra, mientras que en la India, si dejo este hueco, se colarían una y hasta dos personas. Independientemente de tu clase social, del dinero que tengas y del grupo étnico al que pertenezcas, cuestión igualitaria: en una cola somos todos iguales. Se imaginan que pueden salirse con la suya y que a ellos les interesa más tu sitio que a ti. Es la forma de decir: “Oye, que existo y estoy detrás de ti” o “Apártate, ¿qué haces? No terminarás lesionado, pero sí con más de un cardenal. Es como si hubiera una guerra inminente: gente gritando y diciendo: “¡Súbete, súbete! No es tan raro, que termines enzarzada en una pelea con alguien y que te rasguen la ropa. Cuando llegamos a casa lo hacemos destrozados, muertos, somos verdaderos... Esto genera automáticamente una cierta respuesta de servilismo. Así es como llego al principio de la cola, casi sin establecer contacto visual. La idea de hacer una fila ordenada es una parte fundamental del carácter británico. En tiempos del Comunismo, para los rusos era como ir a la Meca. El caso es que cada vez que se intenta una organización de otro tipo, la burocracia lo impide abriendo otra ventanilla que hace que la gente vuelva a ponerse en hilera, sude y se ponga nerviosa, porque necesita algo.

Esperar una hora en una cola de un restaurante es inconcebible en Brasil o en Portugal, ¡imposible! No puedes hablarle al teléfono cuando a ti te apetezca. No soporto que me pongan en espera y tener que escuchar cinco veces, mensajes pregrabados. A la gente se le olvida la cartera o el pin de su tarjeta. Tanto si tienes delante a tres personas o a quinientas, no sabes cuánto te falta, y precisamente eso es lo que más te tensa.

Lo peor es no poder calcular cuánto tendrás que esperar.

Nadie tiene tiempo para esperar por quien no valora tanto el espacio. Tengo que hacer cola diez veces, para llevarme el agua que necesito. A una media de cinco minutos cada cola hace un total de veinte mil millones de minutos al año, cinco mil años esperando. En otros países te empujan, te zarandean, no tienen disciplina. Hay muchísimos ejemplos de masas enfervorizadas en otros países, que contrastan con el orden de las colas británicas.